Expertos proponen 10 líneas estratégicas por un sistema sanitario del s.XXI

La crisis del coronavirus ha puesto en evidencia diferentes problemas del Sistema Nacional de Salud. Dicho Sistema fue creado para una sociedad muy distinta a la actual, con un patrón de envejecimiento muy diferente, con menos enfermedades crónicas, con mucho menor desarrollo tecnológico, con un coste muy inferior y con unas necesidades y demandas sociales que no tienen nada que ver con las actuales.

Con el objetivo de actualizar el sistema sanitario, identificar los problemas que tiene y plantear propuestas para solucionarlo, el pasado 29 de octubre se presentó el documento “Consenso Por un sistema sanitario del siglo XXI”. El texto ha sido coordinado por el consultor Ignacio Riesgo y elaborado con la colaboración de un grupo de expertos -entre los que figuran varios miembros de la Fundación IMAS-.

Diez líneas estratégicas de mejora del sistema

Para realizar el cambio estratégico de mejora del sistema sanitario, el documento plantea 10 puntos clave:

1. El sistema sanitario español ha carecido de reformas en profundidad desde los años 80. La sociedad ha cambiado y, por ello, este grupo de expertos apuesta por un Pacto por la Sanidad, al servicio de la sociedad española del siglo XXI, que incluya a pacientes, profesionales y todos los agentes del sector.

2. Los problemas de los pacientes y profesionales (listas de espera, inadaptación a crónicos complejos, calidad desigual, obsolescencia tecnológica, retrasos en la incorporación de terapias, inequidades de acceso a determinadas terapias, malestar profesional) deben estar en primer plano en cualquier planteamiento de reforma.

3. La actitud hasta ahora de los poderes públicos era la de atender solo al sistema público e inhibirse ante el sector privado. Es fundamental, desde el principio de refuerzo del sistema público, implicar al sector privado en el servicio público, impulsar las formas de colaboración público/privadas y considerar a las empresas farmacéuticas, de tecnología médica y de tecnologías de la información como parte esencial de la cadena de valor del sector sanitario.

4. Es muy posible que el abordaje de los problemas del sistema sanitario vaya a requerir más financiación, hasta ir aproximándonos al menos a la media de los países de la Eurozona en porcentaje de PIB dedicado a la sanidad pública. Sin embargo, los aumentos de financiación no deben ser “operaciones de saneamiento”, sino que deben ir ligadas a mejoras concretas en el sistema, previamente identificadas y bien definidas en sus objetivos.

5. Nueva gobernanza, incorporando la voz de los pacientes y profesionales a todos los niveles. Para ello es fundamental la creación de un órgano de consulta con representación de los distintos agentes del sector, así como un conjunto de Agencias Nacionales especializadas, empezando por la de Salud Pública. Asimismo, sería esencial proceder a la separación gobierno/dirección en las organizaciones sanitarias e impulsar la gestión clínica.

6. Los centros sanitarios son organizaciones complejas y dinámicas. Necesitan autonomía para adaptarse a las variadas necesidades de los pacientes y responder a los continuos cambios organizativos, tecnológicos y de roles profesionales. En este sentido, es necesario avanzar hacia una mayor autonomía de las organizaciones sanitarias, recuperando iniciativas ya iniciadas en nuestro país sobre la base del consenso, la transparencia y la política de evaluación y rendición de cuentas. Esta mayor autonomía implica, además, separación gobierno/dirección, creando órganos de gobierno en las instituciones sanitarias, y una gestión profesionalizada.

7. Impulso a la transformación digital, en el marco de un nuevo modelo asistencial más adaptado a las necesidades de los crónicos complejos. Dicha transformación digital debe hacerse en el marco de una revisión del actual modelo asistencial que incluya: un refuerzo de la atención primaria, desburocratización de las consultas, creación de redes asistenciales multiprofesionales y multinivel, desarrollo de actividad no presencial y de la atención domiciliaria, entre otros cambios.

8. Debe impulsarse la autonomía y el reconocimiento de los profesionales, buscando un modelo de relación laboral más flexible, que permita y favorezca el reconocimiento y la diferenciación individual y colectiva, posiblemente albergando una pluralidad de fórmulas contractuales y de servicio.

9. No existe un conjunto de indicadores a nivel nacional, especialmente de resultados, que permita una comparabilidad entre los distintos centros y territorios. Es crítico que se desarrollen un conjunto de indicadores tanto de recursos, como de actividad y resultados, de tal manera que podamos comparar el comportamiento del sistema a nivel nacional, en las distintas comunidades autónomas, áreas, servicios, fórmulas de gestión, y en el sector público y en el privado.

10. El sistema sanitario puede convertirse, a través de sus actividades de innovación y desarrollo, y en colaboración con empresas y Universidades, en un impulsor del conjunto del sistema económico español hacia actividades de mayor valor añadido.

“El sistema sanitario arrastra carencias que son necesario atajar cuanto antes”, afirma Riesgo. “Abogamos por un sistema sanitario inclusivo que cuente con los ciudadanos y pacientes, con los profesionales y con todos los agentes del sistema. Además, debe ser un modelo asistencial adaptado a las nuevas necesidades y demandas sociales, eficiente, transparente y abierto a la innovación y el desarrollo”, ha añadido.

Documento y vídeo de la presentación

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